¿Te
has sentido agobiado y quizá aun derrotado en algún
momento de tu vida cristiana? ¿Has pensado que no eres
digno del ministerio que Dios te ha puesto por delante, o capaz
de hacer el trabajo que tienes? Creo que todos hemos sentido en
algún momento algo similar. A éstos se les pueden
llamar desiertos y los desiertos son lugares asolados y pueden
ser terribles y hasta peligrosos.
El desierto
es el lugar de tentación y prueba, como lo fue para Cristo.
Muchas veces, es el lugar donde enfrentamos nuestros temores y
preocupaciones. Es a donde llega el acusador y tentador. Es un
lugar a la que muchas veces llegamos después de alguna
decisión importante, como pasó en la vida de Cristo.
En el desierto se pasan hambres y no hay agua para saciar la sed.
Es el lugar que nos puede matar o nos puede fortalecer, depende
de nosotros.
En el desierto
nos damos cuenta que en nuestras propias fuerzas no podemos lograr
nada. Ni siquiera podemos desarrollar la visión que Dios
nos ha dado, no podemos cambiar a las personas, no contamos con
la unción que tanto necesitamos. En el desierto todas nuestras
capacidades y fuerzas son agotadas. Y, entonces, ¿qué
haremos?
Algunos se dan
por vencido y tiran la toalla. Llega a nosotros la tentación
de buscar la solución por nosotros mismos. El acusador
llega con recuerdos del pasado y promesas para el futuro. ¿Cuál
debe ser nuestra respuesta y reacción ante estas situaciones?
Quiero ver la vida de Cristo y Su experiencia en el desierto para
contestar esta pregunta.
En Lucas 4.1
vemos algo que creo que a la mayoría no nos gusta ni pensar:
el Espíritu llevó a Cristo al desierto! La idea
de que Dios nunca nos llevaría al desierto es lo primero
que necesitamos cambiar. Y si reconocemos que Dios sí lo
haría, entonces tenemos que saber que algo nos quiere enseñar
a través de la experiencia. ¿En qué áreas
fue tentado Cristo y qué podemos aprender de ello?
Lo primero que
ataca el acusador es Su cuerpo físico. La necesidad de
comida. Quizá para ti no ha sido necesariamente eso. Quizá
ha sido enfermedad en tu cuerpo o debilidad física. Cuando
sentimos que nuestro cuerpo físico ya no puede más
es cuando tenemos que decir, junto con Cristo: Yo sé que
las limitaciones físicas no son nada para Dios. Yo creeré
la palabra de Dios.
La segunda tentación
o ataque viene al mostrar los reinos de la tierra a Cristo. Por
mucho tiempo, yo no entendía porque esto era tentación
para Él, pero luego entendí que Cristo vino para
salvar al mundo y Satanás le estaba ofreciendo las naciones
sin la necesidad de morir en la cruz. Hermano(a), no hay vías
cortas al cumplimiento de la voluntad de Dios. No hay crecimiento
sin sufrimiento, no hay bendición sin sacrificio.
Al querer o
intentar tomar lo que parece ser una vía corta a la visión
o meta que Dios ha puesto ante ti, ten cuidado. Lo más
probable es que es el lugar en donde dejarás de adorar
y servir a Dios y estarás sirviendo al enemigo. Nunca se
te olvide de quién somos y a quién servimos. Los
hombres no te llevarán y no harán por ti lo que
únicamente Dios puede hacer. Dios es el que tiene que abrir
puertas y presentarte con oportunidades y parte de la tentación
en el desierto es el deseo de correr detrás de cualquier
cosa o persona que parezca tener lo que piensas necesitar.
La última
tentación que vemos escrita en este pasaje de Lucas es
cuando el diablo lo lleva al templo para que se eche desde arriba
para probar la protección y cuidado de Dios. En el desierto,
sería fácil buscar la manera de "comprobar"
que Dios está contigo. Quizá si lanzas un nuevo
proyecto, o comienzas un nuevo programa, si viajas a un país
lejano Dios mostrará Su amor por ti al apoyarte en esto
o aquello. Tentamos a Dios. Nos decimos: Pues la Biblia dice.
. . . Ten mucho cuidado con querer forzar que la mano de Dios
obre a favor de ti.
Pídele
discernimiento a Dios para saber cuál es el propósito
de tu desierto. Quizá debe ser un momento de quietud y
tranquilidad para ti. Quizá debe ser el tiempo de buscar
la perfecta voluntad de Dios para tu siguiente paso, o debe ser
el momento de recordar lo que Dios te habló en un principio.
Lo que con las actividades y planes se te ha ido olvidando.
"Y cuando
el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó
de él por un tiempo" (vs. 13). Hermano(a), llegará
el momento en que termine la experiencia del desierto. Los momentos
de sufrimiento y angustia no durarán para siempre. Las
tentaciones y preocupaciones tienen su fin. Esto es un grande
consuelo. Permite que el hambre y sed que se experimenta en el
desierto te lleven a buscar el rostro y voluntad de tu Dios. Jesús
nos dijo que son bienaventurados los que tienen hambre y sed porque
serán saciados. Dios nos quiere llenar de toda Su bendición.
Nos quiere dar de beber el agua de vida que brota para salvación
y en ocasiones el único lugar que buscamos Su agua y no
la nuestra es en el desierto. Dios tiene que remover todas las
cosas que buscamos usar para saciar nuestras necesidades para
llevarnos a reconocer que sólo Él puede saciar nuestro
ser.
Así que,
cuando sientes que estás en un lugar seco, caluroso y muerto,
no dejes que la voz del tentador te lleve a creer que eres demasiado
débil, o que puedes tomar una vía corta al cumplimiento
del destino de Dios para tu vida, o que puedes forzar a Dios bendecir
tus planes y trabajo. Mas bien, busca las aguas refrescantes de
Su Espíritu. Cuídate de las tentaciones que vendrán,
y seguramente vendrán. Dios no nos lleva al desierto para
matarnos sino para que podamos cada vez enfocarnos más
en lo que realmente busca de nosotros: obediencia a Su voz. Ánimo,
hermano(a), en el desierto podrá encontrar profundidades
de gozo que jamás hubiera esperado al buscar los pozos
de Su agua viva. En el desierto, sí puede haber fruto,
puede haber vida.