February 11, 2002
Jonatán: ¿Valiente o cobarde?
por Nolita W. de Theo
 
El rey David fue y sigue siendo una figura importantísima tanto para los judíos como para los cristianos. El hecho de que fue él quien unió las tribus de Israel y comenzó a tomar todo el territorio que Dios les había dado años atrás es suficiente para asegurar su lugar en la historia de Israel. Además le trajo una unidad moral y poder militar impresionante durante su reinado.

Por su linaje recibimos nuestro Salvador, Jesucristo. También aprendemos de él cómo realmente adorar y alabar a Dios en espíritu y verdad. Así que, en el cristianismo igualmente ocupa un lugar de importancia.

Pero yo quiero hablar de un hombre que, de muchas maneras, hizo posible que David tomara la posición y desarrollara el papel que Dios le tenía. Yo quiero hablar de Jonatán, el hijo y heredero de Saúl.

Al leer el relato en el primer libro de Samuel, podemos ver que Jonatán era un hombre importante y muy valiente. En el capítulo 14 encontramos la historia de la victoria obtenida por él y su paje de armas contra un grupo de filisteos. Era un hombre de fe y confianza en su Dios ya que la decisión de salir a pelear la tomó basado en lo que le pide a Dios por señal (14:10b), algo que su padre ya no practicaba. Dios honró su valentía y aparente locura.

En ese mismo capítulo vemos que el pueblo rescata a Jonatán de la muerte que su padre había ordenado por causa de un juramento necio. El pueblo intercede por el héroe del día, por el que trajo una gran victoria contra los filisteos. Era amado por los súbditos de su padre.

Doy estos ejemplos para establecer el hecho de que Jonatán hubiera sido un mejor rey que su padre: tenía valor, habilidades de liderazgo y el favor de su pueblo. Moral y legalmente tenía el derecho de ser el siguiente rey de Israel.

Luego de esto, vemos el rechazo de Saúl como rey por su desobediencia y Dios manda a Samuel ungir a otro rey. Pero no es Jonatán, es un muchacho jovencito llamado David, hijo de Isaí. Cuando David entra en la casa de Saúl, entabla una relación muy estrecha con Jonatán. Se aman como hermanos y vemos que Jonatán hasta le da su ropa y armadura (18:1-4). Jonatán se muestra en esta y otras ocasiones como un verdadero amigo y hermano a David.

Después de un tiempo, vemos la famosa historia de cómo Jonatán advierte a David del deseo que tiene su padre de matarle. Aquí encuentro el corazón de lo que deseo compartir contigo. En el capítulo 20, verso 14 comienza a hablar Jonatán y le dice así a David: "Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera, y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre. Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David". Jonatán sabía que él no sería el siguiente rey de su nación y le estaba dando su lealtad y apoyo a David.

Esto me impresiona porque Jonatán pudo haber tenido muchas reacciones aparte de la que muestra en esta ocasión. No se amargó al saber que no sería rey. No se puso en el plan de su padre que era matar al supuesto usurpador. Al contrario, promete su apoyo y lealtad al futuro rey.

¿Por qué no fue rey Jonatán? ¿Era porque no tenía la habilidad? Ya vimos que no fue por eso. ¿Era porque no tenía relación con Dios? Tampoco era cierto eso. ¿Era porque el pueblo no lo aceptaría por rey? El pueblo le salvó la vida, lo apreciaba mucho. Dios no es un Dios injusto. Dios no hace las cosas sin razón. David era el que tenía que establecer el linaje mesiánico. De su familia vendría el Salvador y Mesías.

Jonatán tenía un gran don. Algo que a muchos de nosotros nos falta hoy en día. Un don o característica necesaria para que Dios pueda cumplir sus designios y voluntad entre nosotros. Era el don del discernimiento. Jonatán supo discernir la mano de Dios sobre su amigo, David. Y más que eso, tuvo la gracia y fe de permitir que la voluntad de Dios se cumpliera aunque esto significaba que él nunca sería rey.

Jonatán estuvo dispuesto a dejar su posición y realeza y hasta su vida para ver que el ungido de Dios, David, cumpliera todo el plan de Dios para su vida. Jonatán supo valorar la unción de Dios y cuán necesaria era en el papel de rey y reconoció que él no contaba con ello, algo que su padre nunca pudo hacer.

Jonatán sabía que aún y con toda su habilidad, gracia y favor no podía ser rey de Israel. Dios había escogido a otro para ese trabajo. Su orgullo no detuvo su obediencia a la voluntad de su Dios. Muchas veces el orgullo nos ciega a la unción que Dios pudiera poner sobre otra persona. No queremos reconocer la mano de Dios sobre el ministerio o impacto de otro. Pensamos, quizá, que si hemos recibido el entrenamiento y contamos con la habilidad de hacer tal cosa o llenar tal puesto, tenemos todo el derecho de hacerlo. Puede ser a costa, aun, de otros.

¿Qué hubiera pasado si Jonatán se hubiera aferrado a su derecho de ser rey? Es interesante pensarlo, ¿verdad?

Si te encuentras en un puesto o ministerio que sientes es tu derecho desarrollar, asegúrate de contar también con la unción y respaldo del Espíritu Santo. Jonatán no quería estar en un lugar donde no podía contar con la bendición y respaldo de Dios como lo había experimentado en otras ocasiones. Reconoció que sin eso, no valía la pena hacerlo.

Tenemos que pedir discernimiento para ver la unción de Dios en otros y también la gracia para ceder nuestro lugar, quizá, para ayudarles llenar el puesto, ministerio o lugar que Dios tiene para ellos. Así como Jonatán, podemos ayudar a preparar a la persona que Dios desea usar. Así somos usados por Dios.

Creo que existen personas como David. Personas que han sido escogidas por Dios para desarrollar papeles y funciones importantes dentro del Cuerpo de Cristo. Necesitamos que personas como Jonatán se levanten para asegurar que ellos lleguen a los lugares indicados y les brinden la ayuda y apoyo en el papel que necesitan desarrollar. El orgullo no puede tener lugar cuando se trata de gente perdida y la unción que Dios pone sobre algunos para más efectivamente alcanzar o ministrar a ellos. Que el Señor nos dé la habilidad de reconocer y la gracia para impulsar la unción de Dios en otros.

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